El sueño
El sueño
Monseñor, que había recobrado su serena majestad, le volvió a poner en la boca el crucifijo, que ella besó esta vez como sierva sumisa. Luego, con un gesto solemne, dio las últimas bendiciones por toda la habitación y por encima de todas las cabezas mientras que los Hubert y el abad Cornille lloraban.
Félicien había cogido la mano de Angélique. En la otra manita, el cirio de la inocencia ardía con una llama muy alta.[156]