El sueño

El sueño

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Durante dos semanas, los preparativos tuvieron ocupado a Beaumont y trastornaron la ciudad alta y la baja. Veinte obreras, según decían, trabajaban noche y día en el ajuar. El vestido de novia por sí solo ocupaba a tres de ellas, y habría una canastilla de un millón, un mar de encajes, de terciopelos, de raso y de seda, un chorreo de pedrerías, de diamantes de reina. Pero lo que conmovía a la gente por encima de todo eran las considerables limosnas, pues la novia había querido dar a los pobres tanto como le daban a ella, otro millón que acababa de derramarse sobre la comarca en una lluvia de oro. Por fin, satisfacía su antiguo afán de caridad, en las prodigalidades del sueño, con las manos abiertas, dejando que fluyese sobre los miserables un río de riquezas, un desbordamiento de bienestar. Desde la pequeña habitación blanca y desnuda, desde el viejo sillón en el que estaba clavada, ella reía embelesada cuando el abad Cornille le llevaba las listas de reparto. ¡Más, más! Nunca se repartía lo suficiente. Hubiera deseado ver al tío Mascart sentado a la mesa ante festines principescos, a los Chouteau viviendo en el lujo de un palacio, a la tía Gabet curada, rejuvenecida a fuerza de dinero; y a las Lemballeuse, a la madre y a las tres hijas, las hubiera colmado de vestidos y de joyas. La lluvia de monedas de oro redoblaba sobre la ciudad, como en los cuentos de hadas, por encima incluso de las necesidades cotidianas, por la belleza y la alegría, la gloria del oro, que caía a la calle y relucía al gran sol de la caridad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker