El sueño
El sueño
Con paso lento, entre la doble hilera de fieles, Angélique y Félicien se dirigieron hacia la puerta. Después del triunfo, ella salía del sueño; caminaba hacia allí para entrar en la realidad. Aquel porche de cruda luz se abría al mundo que ella ignoraba; y ella aminoraba el paso, miraba las casas llenas de actividad, la multitud tumultuosa, cuanto la reclamaba y la saludaba. Su debilidad era tan grande que su marido casi tenía que llevarla. Sin embargo, seguía sonriendo, pensaba en aquel hotel principesco, lleno de joyas y de vestidos de reina, donde la esperaba la cámara nupcial, toda de seda blanca. Un sofoco la detuvo, pero reunió fuerzas suficientes para dar unos pasos más. Su mirada se había topado con el anillo que llevaba en el dedo y sonreía al ver aquel vínculo eterno. Entonces, en el umbral de la puerta principal, en lo alto de las escaleras que bajaban a la plaza, se tambaleó. ¿No había llegado hasta el final de la felicidad? ¿No era allí donde la alegría de existir terminaba? Se alzó en un último esfuerzo y posó sus labios sobre los de Félicien. En ese beso, murió.