El sueño
El sueño El lunes de Pentecostés de aquel año, los Hubert llevaron a Angélique a almorzar a las ruinas del castillo de Hautecoeur, que domina el Ligneul, dos leguas río abajo de Beaumont. Al día siguiente, después de toda esa jornada de carreras y risas al aire libre, cuando el viejo reloj del taller dio las siete, la muchacha seguía durmiendo.
Hubertine tuvo que subir a llamar a su puerta.
—¡Venga, holgazana!… Nosotros ya hemos desayunado.
Angélique se vistió rápidamente y bajó a desayunar sola. Después, cuando entró en el taller donde Hubert y su mujer acababan de ponerse a trabajar, dijo:
—¡Ay! ¡Cómo dormía! ¡Y esa casulla que prometimos hacer para el domingo!
