El sueño
El sueño —¿Me considera usted tonta, madre?… El mundo está lleno de buenas personas. Cuando se es honrado y se trabaja, se obtiene una recompensa, siempre… ¡SÃ! Ya sé que también hay algunos malvados. Pero ¿acaso cuentan? Se les evita, pronto reciben su castigo… Además, mire, el mundo me produce de lejos el efecto de un gran jardÃn, ¡sÃ!, de un parque inmenso, todo él lleno de flores y de sol. ¡Es tan bueno vivir! ¡La vida es tan dulce que no puede ser mala!
Se animaba, como embriagada por el resplandor de las sedas y del oro.
—La felicidad, eso es algo muy sencillo. Nosotros somos felices. ¿Y por qué? Porque nos queremos. ¡Eso es! Es asà de fácil… Por eso, ya verá cuando venga el que yo espero. Nos reconoceremos inmediatamente. No lo he visto nunca, pero sé cómo debe ser. Entrará, dirá: «Vengo a llevarte conmigo». Entonces, yo contestaré: «Te esperaba, llévame». Me llevará y, ya está, para siempre. Iremos a un palacio, a dormir en un lecho de oro con incrustaciones de diamantes. ¡Si es muy sencillo!
—Estás loca, ¡cállate! —interrumpió con severidad Hubertine.
Y al verla excitada, a punto de subirse otra vez a su ensoñación: