El sueño
El sueño Entre tanto, un postigo le hizo levantar la vista al cerrarse de golpe en la fila de las fachadas dormidas. Estaba a su derecha, en el primer piso de la casa contigua a la catedral. Allí acababa de asomarse una mujer muy hermosa, morena oscura, de unos cuarenta años, quien, a pesar de la terrible helada, dejó fuera su brazo desnudo durante un momento al ver a la niña moverse. Una sorpresa llena de compasión entristeció su rostro tranquilo. Después, con un escalofrío, cerró la ventana. Se llevó consigo la visión rápida, bajo el jirón de pañuelo, de una muchacha rubia, de ojos de color violeta, de rostro alargado, el cuello, sobre todo, muy largo, con la elegancia de una azucena, sobre unos hombros caídos; pero, amoratada de frío, con las manitas y los piececitos medio muertos, sin más vida ya que el leve vaho de su aliento.