La taberna
La taberna El cinquero, entre bromas y risas, convenció a la joven, después de haber jurado que no habría excesos. Estaría pendiente de los vasos para que nadie se achispara. Organizó una comilona de cinco francos por cabeza en el Moulin-d’Argent[1] de Auguste, en el bulevar de la Chapelle. Era un tabernero que no cobraba caro y tenía un baile de candil al fondo de su trastienda, bajo las tres acacias del patio. En el primer piso estarían muy bien. Durante diez días estuvo pescando comensales en casa de su hermana, en la calle de la Goutte-d’Or: al señor Madinier, a la señorita Remanjou, a la señora Gaudron y a su marido. Consiguió incluso que Gervaise le consintiera traer a dos amigos: Bibi-la-Grillade y Mes-Bottes; no cabía duda de que Mes-Bottes empinaba el codo, pero tenía un apetito tan voraz que siempre lo invitaban a las comilonas para ver la cara que ponía el dueño del establecimiento cuando el muy glotón se tragaba doce libras de pan. En cuanto a la joven, prometió traer a su jefa, la señora Fauconnier, y a los Boche, personas de confianza. En total se sentarían quince a la mesa, era bastante. Cuando se junta demasiada gente se acaba siempre en disputas.