La taberna
La taberna El día del santo caía en lunes. Era una suerte: Gervaise disponía de la tarde del domingo para empezar los preparativos. El sábado, mientras las planchadoras hacían su trabajo de prisa y corriendo, hubo una larga discusión en la tienda sobre lo que definitivamente iban a comer. Sólo un plato había sido decidido desde hacía tres semanas: un ganso cebón asado. Se hablaba de ello con miradas ansiosas. Ya habían comprado el ganso. Mamá Coupeau fue a buscarlo para que Clémence y la señora Putois lo sopesaran. Y hubo exclamaciones de asombro ante la enormidad del animal y la aspereza de su piel, hinchada de grasa amarilla.
—Antes de esto, pondremos un puchero al fuego, ¿eh? —dijo Gervaise—. Sopa y un poco de carne hervida siempre van bien… Luego, serviremos un plato con salsa.
La grandullona Clémence sugirió comer conejo; pero como siempre comían conejo, estaban hasta la coronilla. Gervaise pensaba en algo más especial. La señora Putois propuso un plato de ternera con salsa blanca y las demás se quedaron mirándose con una sonrisa de satisfacción. Era una buena idea; nada mejor que ternera con salsa blanca.
—Después —siguió Gervaise—, hará falta otro plato con salsa.