La taberna
La taberna —Al que al cielo escupe, a la cara le cae —decía ella, cuando la sacaban de sus casillas—. Cada uno que se ocupe de sus asuntos, ¡eh! Mejor es que dejen vivir a los demás a su manera, si quieren ellos vivir a la suya… A mí todo me parece bien, pero que no me arrastren al arroyo quienes ya están metidos en él hasta el cuello.
Y un día que mamá Coupeau se expresó con más claridad, le contestó Gervaise, rechinando los dientes:
—Está usted en la cama y se aprovecha de eso… Mire, usted está equivocada y además sabe que soy buena, pues nunca le he echado en cara su vida pasada. ¡Menuda vida!, tuvo dos o tres hombres cuando vivía papá Coupeau… No, no tosa usted, que ya he acabado de hablar. Se lo he dicho sólo para que me deje en paz de una vez.