La taberna
La taberna —No, no —murmuró ella, haciendo un esfuerzo—, no es lo que usted piensa. Yo sé donde está Lantier… ¡Tenemos nuestros disgustos como todo el mundo!
Coupeau guiñó el ojo, dando a entender que no se dejaba engañar. Se brindó a ir por la leche, si ella no querÃa bajar: era una buena mujer, atractiva, que podÃa contar con él en el momento en que tuviera cualquier dificultad. Gervaise, tan pronto salió él, volvió a la ventana.