Nana
Nana Y llamó a Foucarmont. Rápidamente cambiaron unas palabras. Debió de presentarse alguna complicación, porque los dos, andando con precaución, saltaban por encima de las faldas de las señoras e iban a buscar a otro joven, con el cual continuaron su charla junto a una ventana. Fauchery se quedó solo y se decidÃa a aproximarse a la chimenea en el momento en que la señora Du Joncquoy aseguraba que ella no podÃa oÃr interpretar a Weber sin ver inmediatamente lagos, bosques y amaneceres sobre las campiñas húmedas de rocÃo; una mano le tocó en el hombro, a la vez que una voz detrás de él le decÃa:
—Eso no es muy amable.
—¿Qué? —preguntó volviéndose y encontrándose con Héctor.
—Esa cena para mañana. PodrÃas haberme invitado.
Fauchery iba a responder cuando Vandeuvres volvió para decirle:
—Parece que no es una mujer de Foucarmont; es la amiga de aquel señor de allá… No podrá venir. Mala suerte. Pero recluté a Foucarmont, que hará lo posible por llevar a Louise, del Palais-Royal.
—Señor de Vandeuvres —preguntó la señora Chantereau levantando la voz—, ¿verdad que el domingo silbaron a Wagner?