Nana

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—¿Qué está conspirando, señor de Vandeuvres?

—¿Yo, señora? —respondió éste tranquilamente—. No conspiro.

—Le veía tan atareado… Bien, me tiene que hacer un favor.

Le puso en las manos un álbum, rogándole que lo llevase al piano. Pero él encontró el medio de decir en voz baja a Fauchery que tendrían a Tatán Néné, la garganta más hermosa del invierno, y a María Blond, que acababa de debutar en el Folies-Dramatiques. Mientras, Héctor de la Faloise le detenía a cada paso, esperando una invitación. Acabó por ofrecerse. Vandeuvres lo admitió en seguida; sólo que le hizo prometer que llevaría a Clarisse, y como Héctor fingió cierto escrúpulo, le tranquilizó diciendo:

—Puesto que la invito yo, ya basta.

No obstante, Héctor habría querido saber el nombre de la mujer. Pero la condesa había llamado a Vandeuvres, al que le preguntó cómo hacían el té los ingleses.

Él iba con frecuencia a Inglaterra, en donde corrían sus caballos.

Según él, los rusos eran los únicos que sabían preparar el té, y dio la fórmula. Luego, como si hubiese continuado un trabajo interior mientras hablaba se interrumpió para preguntar:


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