Nana
Nana —A propósito, ¿y el marqués? ¿Es que no le veremos?
—Pues sÃ; mi padre me lo ha prometido —respondió la condesa—. Empiezo a inquietarme. Sus trabajos lo habrán retenido.
Vandeuvres tuvo una discreta sonrisa. A él también le parecÃa conocer la clase de trabajos que ocupaban al marqués de Chouard. Pensaba en una hermosa persona a quien el marqués llevaba a veces al campo. Tal vez podrÃan contar con ella.
Fauchery juzgó que habÃa llegado el momento de arriesgar la invitación al conde Muffat. La velada se prolongaba.
—¿Habla en serio? —preguntó Vandeuvres, que lo creÃa una broma.
—Muy en serio. Si no cumplo el encargo, me arrancará los ojos. Un capricho, ya lo sabe usted.
—Entonces le ayudaré, querido.