Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Sí, tiene razón —dijo—. Pero no sé, no sé; desconfío de sus muslos. Apostaría que no los tiene.

Se calló. Fauchery le tocaba vivamente con el codo, señalándole a Estelle, sentada en su taburete delante de ellos. Habían levantado la voz sin darse cuenta, y ella debió de oírles. Sin embargo, permanecía tiesa, inmóvil, con su cuello delgado de muchacha que creció muy rápidamente, y en el que ni un pelo se agitaba. Entonces se apartaron tres o cuatro pasos. Vandeuvres juraba que la condesa era una mujer muy honesta.

En aquel instante las voces de la chimenea se elevaron. La señora Du Joncquoy decía:

—He admitido que el conde de Bismarck puede ser un hombre de talento, pero si pretende que sea un genio…

Aquellas señoras habían vuelto a su primer tema.

—¿Cómo? ¿Otra vez con el conde de Bismarck? —murmuró Fauchery—. Ahora sí que me voy.

—Espere —dijo Vandeuvres— aún nos falta una contestación definitiva del conde.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker