Nana
Nana —Me han dicho, añadió queriendo encontrar una frase, que Nana tiene una voz deliciosa.
—¿Ella? —gruñó el director encogiéndose de hombros—. SÃ, una verdadera grulla.
El joven se apresuró a añadir:
—Además, es una excelente actriz.
—¿Ella? Un paquete. No sabe dónde poner los pies ni las manos.
Héctor de la Faloise se sonrojó ligeramente. No comprendÃa aquello y balbuceó:
—Por nada del mundo habrÃa faltado al estreno de esta noche. SabÃa que su teatro…
—Diga mi burdel —interrumpió nuevamente Bordenave con la frÃa terquedad de un hombre convencido. Fauchery, mientras tanto, observaba tranquilamente a las mujeres que entraban. Al ver que su primo se quedaba con la boca abierta, sin saber si echarse a reÃr o enfadarse, acudió en su ayuda.
—Sigue la corriente a Bordenave y llama a su teatro como él te pide, ya que eso le divierte… Y usted, querido, no se haga el interesante. Si su Nana no canta ni interpreta, será un fracaso y nada más. Eso es lo que yo creo.