Nana

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Rose Mignon se colocó a su derecha y Lucy Stewart a su izquierda. Prometieron cuidarle. Ahora callaba todo el mundo. El conde de Vandeuvres se situó entre Lucy y Clarisse; Fauchery entre Rose Mignon y Caroline Héquet. Por el otro lado, Héctor de la Faloise se apresuró a colocarse junto a Gagá, a pesar de las llamadas de Clarisse, situada enfrente, mientras que la Mignon, que no abandonaba a Steiner, no se separaba de él más que por Blanche, y tenía a su izquierda a Tatán Néné. Luego seguía Labordette. En fin, en los dos extremos estaban las jóvenes, Simonne, Lea de Horn, María Blond, sin orden, amontonadas. Allí era donde Daguenet y Georges simpatizaron más cada vez al ver a Nana sonriendo.

No obstante, como dos personas se quedaron de pie, se bromeó a su costa. Los hombres ofrecían sus rodillas. Clarisse, que no podía mover ni el codo, le decía a Vandeuvres que contaba con él para comer. También Bordenave permanecía en su sitio con sus sillas. Hubo un último esfuerzo y todo el mundo pudo sentarse, pero gritó Mignon que estaban como sardinas en barril.

—Puré de espárragos a la condesa, consomé a la Deslignac —murmuraban los camareros paseando platos servidos por detrás de los convidados.

Bordenave aconsejaba el consomé a todo el mundo, cuando se oyó un grito.


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