Nana
Nana HabÃa mucho movimiento alrededor de la mesa. Los camareros se apresuraban. Después de lo servido, aún aparecÃan otros platos: pollo a la mariscala, filetes de lenguado en salsa verde y escalopes. El maestresala que hasta entonces mandó escanciar vino de Meursault, ofreció Chambertin y Léoville. Durante el ligero desbarajuste del cambio de servicio, Georges, cada vez más asombrado, preguntó a Daguenet si todas aquellas señoras tenÃan hijos, y éste, divertido con la pregunta, se puso a darle detalles.
Lucy Stewart era hija de un engrasador de origen inglés, empleado en la estación del Norte; treinta y nueve años, una cabeza de caballo, pero encantadora, tÃsica y sin morir nunca; la más elegante de aquellas señoras, tres prÃncipes y un duque.
Caroline Héquet, nacida en Burdeos de un empleadillo muerto de vergüenza, tenÃa la buena suerte de contar con una madre que era una mujer con cabeza, quien después de haberla maldecido, habÃa vuelto con ella al cabo de un año de reflexión, tratando de salvarle una fortuna; la muchacha, de veinticinco años de edad y muy fina, pasaba por una de las mujeres más bellas que se podÃan tener a un precio invariable; la madre, muy ordenada, llevaba los libros, una contabilidad severa de ingresos y gastos, y regÃa la casa donde vivÃan, dos pisos más arriba de donde habÃa instalado un taller de costura y lencerÃa.