Nana

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En cuanto a Blanche de Sivry, cuyo verdadero nombre era Jacqueline Baudu, procedía de un pueblo cercano a Amiens; magnífica persona, necia y embustera; se decía hija de un general y no confesaba más que treinta y dos años; muy apreciada por los rusos a causa de su gordura.

Después Daguenet añadió un breve informe sobre las demás: Clarisse Besnus, recogida como doncella de Saint-Aubin-sur-Mer por una señora cuyo marido la había lanzado; Simonne Cabiroche, hija de un comerciante de muebles del arrabal de Saint-Antoine, educada en un gran pensionado para ser institutriz, y María Blond, y Louise Violaine, y Lea de Horn, todas crecidas en el arroyo Parisiense, sin contar Tatán Néné, que había cuidado vacas hasta los veinte años en Champagne. Georges escuchaba mirando a aquellas mujeres, aturdido y excitado por aquel desembalaje brutal, soltado tan crudamente a su oído; mientras, detrás de él, los camareros repetían con voz respetuosa:

—Pollo a la mariscala… Filetes de lenguado en salsa verde.

—Querido —dijo Daguenet, que le imponía su experiencia— no tome ese pescado, que ya no vale nada a estas horas. Y confórmese con el Léoville; es menos traidor.


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