Nana
Nana —¿Cuál es la que cortará mi carne? Yo no puedo con la mesa a una legua.
Simonne se levantaba a cada momento, se quedaba de pie detrás de él, para cortar su carne y su pan. Todas las mujeres se interesaban en lo que comÃa. Llamaban a los camareros y lo atracaban hasta ahogarle. Habiéndole limpiado la boca Simonne, mientras Rose y Lucy le cambiaban el cubierto, lo encontró muy gracioso, y al fin se decidió a mostrarse contento:
—Asà se hace. Estás en tu papel, pequeña. La mujer no fue hecha más que para esto.
Se animaron un poco y la conversación se generalizó. Se acababan los sorbetes de mandarina. El asado caliente era un filete trufado, y el asado frÃo una gelatina de pintada. Nana, enfadada por la falta de expansión de sus convidados, se puso a hablar en voz alta:
—¿Saben que el prÃncipe de Escocia ha mandado que se le reserve un palco de proscenio para ver La Venus Rubia, cuando venga a visitar la Exposición?
—ConfÃo en que todos los prÃncipes pasarán por allá —declaró Bordenave con la boca llena.
—El domingo se espera al sha de Persia —dijo Lucy Stewart.
Entonces Rose Mignon habló de los diamantes del sha.
—Lleva una túnica cubierta de piedras, una maravilla, un astro flotante que representa millones.