Nana
Nana Luego, como Fauchery le interrogaba, consintió en darle detalles con tal crudeza de expresiones que incomodaron a Héctor de la Faloise. HabÃa conocido a Nana y querÃa lanzarla. Precisamente por aquel entonces buscaba una Venus. Él no se entretenÃa mucho con una mujer, preferÃa que el público se aprovechase de ella inmediatamente. Pero tenÃa un berenjenal en su teatro con la llegada de esta muchacha revolucionaria. Rose Mignon su estrella, una fina actriz y adorable cantante, le amenazaba diariamente con dejarlo plantado al presentir a una rival. Y para la cartelera, ¡qué jaleos, santo cielo! Al fin se habÃa decidido a poner los nombres de las dos actrices en letras del mismo tamaño. No toleraba que lo molestasen. Cuando una de sus mujercitas, como él las llamaba, Simonne o Clarisse, no andaban derechas, les pegaba un puntapié en el trasero; de otro modo, no se podÃa vivir. Las vendÃa, sabÃa lo que valÃan aquellas zorras.
—Vaya —dijo interrumpiéndose—. Ahà están Mignon y Steiner. Siempre juntos. Ya sabréis que Steiner empieza a hartarse de Rose, y el marido no le da ni un minuto por miedo de que se fugue.