Nana
Nana Todos se echaron a reÃr, y comprendió que se burlaban de ella.
—¡Eres un necio! ¿Acaso sé yo si estás bromeando?
Mientras tanto Gagá continuaba con la Exposición. Al igual que todas aquellas señoras, se regocijaba y se preparaba. Una buena temporada, con todos los provincianos y los extranjeros callejeando por ParÃs. En fin, tal vez después de la Exposición, si los asuntos habÃan ido bien, podrÃa retirarse a Juvisy, en una casita que vio mucho tiempo atrás.
—¿Qué quiere? —decÃa a Héctor—. No se consigue nada. Si aunque la amasen a una…
Gagá se enternecÃa porque habÃa sentido la rodilla del joven pegada a la suya. Héctor se puso granate. Ella, ceceando, lo medÃa de una ojeada. Un señorito no muy pesado, pero Gagá tampoco era difÃcil. Héctor de la Faloise consiguió su dirección.
—Mirad —murmuró Vandeuvres a Clarisse—, me parece que Gagá se lleva a vuestro Héctor.
—Poco me importa —respondió la actriz—. Ese muchacho es idiota. Ya lo he echado tres veces. Cuando a esos mocosos les da por las viejas, me asquean.