Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Una vez más Steiner estaba cogido, y tan fuertemente que, al lado de Nana, parecía como adormecido, comiendo sin apetito, el labio colgante y el rostro salpicado de manchas. Ella no tenía más que nombrar una cantidad. Sin embargo, no se apresuraba; jugaba con él, le soltaba su risa al oído y se divertía con los estremecimientos que pasaban por su ancho rostro. Siempre habría ocasión de sujetar aquello si el grosero y maleducado conde Muffat hacía decididamente de casto José.

—¿Léoville o Chambertin? —murmuró un camarero asomando la cabeza entre Nana y Steiner, en el momento en que éste le hablaba a ella en voz baja.

—¿Eh? ¿Qué? —balbuceó desconcertado—. Lo que usted quiera; me da lo mismo.

Vandeuvres empujaba ligeramente con el codo a Lucy Stewart, una lengua malévola, un espíritu feroz cuando se lanzaba. Mignon, aquella noche, la exasperaba.

—Ya sabe que aguantará la vela —decía ella al conde—. Confía en que se repita el lance del pequeño Jonquier. Ya se acordará de Jonquier, aquel que estaba con Rose y se encaprichó con la gran Laure. Mignon se la proporcionó y luego se lo llevó del brazo a casa de Rose, como un marido al que se le acabara de permitir una juerguecita… Pero esta vez le saldrá el tiro por la culata. Nana no devuelve los hombres que le prestan.

—¿Qué diablos tendrá Mignon que mira tan severamente a su mujer? —preguntó Vandeuvres.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker