Nana
Nana Se inclinó y vio que Rose se enternecÃa al lado de Fauchery. Esto le explicó la cólera de su vecina, y exclamó riendo:
—¡Diablos! ¿Acaso está celosa?
—¿Celosa? —replicó enfurecida Lucy—. Pues si Rose tiene ganas de Léon, se lo daré muy gustosa. ¡Para lo que vale! Un ramo a la semana, y según. FÃjese, querido: estas mujeres de teatro son todas iguales. Rose ha llorado de rabia leyendo el artÃculo de Léon sobre Nana; lo sé. Entonces, como comprenderá, también necesita un artÃculo, y se lo conquista. Yo voy a mandar a paseo a Léon; ya lo verá.
Se detuvo para decir al camarero que estaba de pie detrás de ella con las dos botellas:
—Léoville.
Después prosiguió, bajando la voz:
—No voy a gritar ese no es mi estilo… Pero no deja de ser una canallada. Si estuviese en el puesto de su marido, le pegarÃa una paliza… Esto no la hará feliz. No conoce a mi Fauchery, un cerdo que se pega a las mujeres para crearse una posición. ¡Bonita gente!
Vandeuvres trató de calmarla. Bordenave, abandonado por Rose y por Lucy, se enfadaba y gritaba que dejaban morir a papá de hambre y de sed.