Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Miraba al cielo a través de los cristales, un cielo lívido y con nubes de color de hollín. Eran las seis de la mañana. Enfrente, al otro lado del bulevar Haussmann, las casas, todavía dormidas, recortaban sus techumbres, húmedas bajo la ligera claridad; mientras, por la calle desierta, una cuadrilla de barrenderos se anunciaba con el ruido de sus zuecos. Y ante ese triste despertar de París, se sintió presa de un enternecimiento de chiquilla, de una necesidad de campo, de idilio, de algo suave y blanco.

—¿No lo suponéis? —dijo volviendo a Steiner—. Vais a llevarme al bosque de Boulogne, y beberemos leche.

Un gozo infantil la hacía palmotear. Sin esperar la respuesta del banquero, que naturalmente consentía, aburrido en el fondo y soñando con otra cosa, corrió a echarse una piel sobre los hombros.

En el salón ya no quedaba más que la pandilla de jóvenes, además de Steiner, pero como ya habían vertido en el piano hasta la última gota de sus copas, hablaban de irse, cuando uno de ellos se presentó triunfalmente, llevando en la mano la última botella encontrada en la despensa.

—¡Esperad, esperad! —gritó—. ¡Una botella de Chartreuse! El piano necesitaba Chartreuse, y eso lo mejorará. Y ahora, muchachos, vámonos. Somos unos idiotas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker