Nana
Nana En el acto, y poniéndose un dedo en los labios, Mignon les hizo señas de que se callaran. Y a una pregunta de Lucy, señaló a un joven que pasaba en aquellos momentos, diciéndole en voz baja:
—El amante de Nana.
Todos le miraron. Era apuesto. Fauchery le reconoció; se trataba de Daguenet, un joven que se había comido trescientos mil francos con las mujeres, y que ahora jugaba a la Bolsa para pagarles unas flores e invitarlas a cenar de vez en cuando.
Lucy lo encontró muy atractivo, al mismo tiempo que dijo:
—Ah, aquí está Blanche. Fue quien me dijo que te habías acostado con Nana.
Blanche de Sivry, una rubia gorda cuyo hermoso rostro parecía empastado, llegaba acompañada de un hombre delgaducho, muy elegante y distinguido.
—El conde Xavier de Vandeuvres —murmuró Fauchery al oído de Héctor.
El conde cambió un apretón de manos con el periodista mientras tenía lugar una viva explicación entre Blanche y Lucy, las cuales cerraban el paso con sus faldas con muchos volantes, la una en azul y la otra en rosa, y el nombre de Nana salía de sus labios en un tono tan vivo que todo el mundo las oía.