Nana
Nana —¡Ah, maldita canalla! —gritó de pronto la voz enronquecida de Bordenave.
Acababa de llegar y ya vociferaba contra dos figurantas, que estuvieron a punto de echar abajo la escena de imbéciles que eran. Cuando descubrió a Mignon y a Fauchery, los llamó para enseñarles algo: el prÃncipe acababa de expresar su deseo de felicitar a Nana en su camerino durante el entreacto. Pero mientras los acompañaba hacia el escenario, pasó el regidor.
—Poned una multa a esas burras de Fernande y MarÃa —dijo furioso Bordenave.
Luego, tranquilizándose, trató de adoptar una dignidad de padre bondadoso, y después de pasarse el pañuelo por el rostro añadió:
—Voy a recibir a Su Alteza.