Nana
Nana —Su Alteza me honra —decĂa Bordenave sin dejar de inclinarse—. El escenario no es grande y hacemos todo lo que podemos… Ahora, si Su Alteza se digna seguirme…
El conde Muffat se dirigĂa hacia el pasillo de los camerinos, pero la pendiente bastante pronunciada del escenario le habĂa sorprendido, y su inquietud provenĂa de aquel piso que se movĂa bajo sus pies, pues por las aberturas se percibĂa el gas de los fosos; era un vacĂo subterráneo, con las profundidades de la oscuridad, las voces de los hombres y tufos de bodega. Pero cuando subĂa le detuvo un incidente: dos jovencitas vestidas para el tercer acto hablaban ante un ojo del telĂłn. Una de ellas ensanchaba el ojo con los dedos para ver mejor, y buscaba en la sala.
—Ya lo veo —dijo bruscamente—. ¡Qué hocico!