Nana
Nana El apretujamiento del público irritó a Lucy Stewart. ¡Qué groseros empujando a las damas! Se quedó la última, con Caroline Héquet y su madre. El vestíbulo se vació, y allá en el fondo el bulevar seguía con su constante rumor.
—¡Como si sus piezas fuesen tan graciosas! —repetía Lucy subiendo la escalera.