Nana
Nana Y la conversación iba a continuar así cuando se oyeron gritos en la puerta del camerino. Bordenave abrió la mirilla enrejada como la de un convento. Era Fontan, seguido de Prullière y de Bosc, con botellas bajo los brazos y varias copas en las manos. Fontan repetía a gritos que era su fiesta y que él pagaba el champaña. Nana, con una mirada, consultó al príncipe, y, naturalmente, Su Alteza no quería molestar a nadie y se consideraría muy dichoso. Pero sin esperar el permiso, Fontan entraba repitiendo ceceante:
—Yo, no borracho; yo, pagar el champaña…
De pronto vio al príncipe, pues no sabía que estuviese allí, y se detuvo inmediatamente para adoptar un aire de solemnidad bufona, diciendo:
—El rey Dagoberto está en el pasillo y solicita brindar con Su Alteza Real.