Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entonces los dos primos buscaron algunos rostros conocidos. Mignon y Steiner estaban en uno de los palcos, con las manos apoyadas en el terciopelo de la barandilla. Blanche de Sivry parecía ocupar ella sola un palco proscenio de platea. Pero Héctor de la Faloise examinaba más a Daguenet, que ocupaba una butaca de patio, dos filas más adelante. A su lado, un jovencito de unos diecisiete años, algún colegial escapado, abría desmesuradamente sus bellos ojos de querubín. Fauchery esbozó una sonrisa al fijarse en él.

—¿Quién es aquella dama del anfiteatro? —preguntó de repente Héctor—. Aquélla que tiene una jovencita de azul a su lado.

Señalaba a una mujer gorda y encorsetada, una antigua rubia convertida en blanca y teñida de amarillo, cuya cara redonda, enrojecida por los afeites, se abotagaba bajo una lluvia de ricitos infantiles.

—Ésa es Gagá —dijo simplemente Fauchery.

Y como este nombre no pareció que le dijese nada a su primo, añadió:

—¿No conoces a Gagá? Hizo las delicias de los primeros años del reinado de Luis Felipe. Ahora pasea a su hija por todas partes.

Héctor de la Faloise no tuvo ni una mirada para la jovencita. La visión de Gagá le emocionaba y no apartaba sus ojos de ella, pues aún la encontraba muy bien, pero no se atrevía a decirlo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker