Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al llegar al pie de la escalera, el conde sintió nuevamente un soplo ardiente que le caía sobre la nuca, aquel olor de mujer salido de los camerinos, en una oleada de luz y ruido, y ahora, a cada peldaño que subía, el almizcle de los polvos y la acritud del vinagre de tocador le ahogaban, le aturdían más. En el primer piso se abrían dos pasillos, dando a un recodo, con puertas de sospechoso hotel amueblado pintadas de amarillo, con grandes números blancos; en el suelo, las baldosas desunidas y agrietadas entre el desnivel de la vieja casa. El conde se aventuró, dirigió la mirada a una puerta entreabierta y vio una estancia muy sucia, un tenducho de peluquero de arrabal, amueblado con dos sillas, un espejo y un tablero con cajón, ennegrecido por la grasa de los peines. Un mocetón sudoroso, brillándole los hombros, se cambiaba de camisa, y en otro cuarto parecido y vecino, una mujer a punto de marcharse se ponía los guantes, con los cabellos despeinados y mojados como si acabase de tomar un baño.







👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker