Nana
Nana —Hace mucho tiempo —respondió Héctor—. Los Muffat tenÃan una finca cercana a la nuestra. Iba con frecuencia a visitarlos… El conde está con su esposa y su suegro, el marqués de Chouard.
Y por vanidad, halagado por el asombro de su primo, entró en detalles: el marqués era consejero de Estado y el conde acababa de ser nombrado chambelán de la emperatriz. Fauchery, que habÃa cogido sus gemelos, contemplaba a la condesa: una morena rolliza de piel blanca y con bonitos ojos negros.
—Me los presentarás en el entreacto. Ya otras veces me he encontrado con el conde, pero me gustarÃa asistir a sus martes.
Unas enérgicas voces reclamando silencio salieron de los pisos superiores.