Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Luego el público se enfrió, pues las escenas siguientes las encontró aburridas. Apenas si el viejo Bosc, un Júpiter imbécil, con la cabeza aplastada bajo una descomunal corona, hizo reír al público cuando tuvo una discusión con Juno a propósito de una cuenta de la cocinera. El desfile de los dioses —Neptuno, Plutón, Minerva y las demás— estuvo a punto de echarlo todo a perder.

El público se impacientaba, un murmullo inquietante iba en aumento, los espectadores se desinteresaban de la obra y miraban a todas partes de la sala.

Lucy reía con Labordette; el conde de Vandeuvres alargaba el cuello detrás de los recios hombros de Blanche, mientras que Fauchery, por el rabillo del ojo, examinaba a los Muffat, viendo al conde muy serio, como si nada comprendiera, y a la condesa vagamente risueña, con la mirada perdida, soñando. Pero en medio de aquel malestar, estallaron repentinamente los aplausos de la claque con la regularidad de un fuego de guerrilla. Todo el mundo miró al escenario. ¿Sería al fin Nana? Aquella Nana se hacía esperar demasiado.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker