Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Volvieron a subir a los coches. De Chamont a la Mignotte, Nana permaneció silenciosa. Se había vuelto dos veces para mirar el castillo. Acunada por el ruido de las ruedas, ya no sentía a Steiner a su lado ni veía a Georges ante ella. Sólo se le aparecía una visión en el crepúsculo: la señora pasaba siempre con su majestuosidad de reina poderosa, «colmada de años y de honores».

Por la noche, Georges regresó a las Fondettes para cenar. Nana, cada vez más distraída y extraña, le había enviado a pedir perdón a su mamá; eso era lo apropiado, le decía con severidad, poseída de un repentino respeto hacia la familia. Incluso le hizo prometer que no volvería para acostarse con ella aquella noche allí; ella estaba cansada, y él cumpliría con su deber, demostrando obediencia. Georges, muy fastidiado por aquella moral, apareció delante de su madre con el corazón encogido y la cabeza baja. Afortunadamente había llegado su hermano Philippe, un bravo militar de carácter jovial, y eso abrevió la escena que temía el adolescente. La señora Hugon se limitó a mirarle con ojos llenos de lágrimas, y Philippe, puesto al corriente, le amenazó con tirarle de las orejas si volvía a la casa de aquella mujer. Georges, aliviado, se prometió escaparse al día siguiente, hacia las dos, para combinar sus citas con Nana.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker