Nana
Nana Jadeando, Venot no cesaba de prodigarle los mejores argumentos contra las tentaciones de la carne. El otro no abrĂa la boca, avanzando en la oscuridad. Al llegar ante la Mignotte, dijo simplemente:
—Ya no puedo más… Váyase.
—Entonces, cúmplase la voluntad de Dios —murmuró el señor Venot—. Él toma todos los caminos para asegurar su triunfo… Vuestro pecado será una de sus armas.