Nana
Nana Nana no se mostró sorprendida, sino fastidiada por la insolencia de Muffat en perseguirla. Había que ser formal en la vida, ¿no es cierto? Amar era demasiado tonto y no conducía a nada.
Después, ella tenía sus escrúpulos a causa de la tierna edad de Zizí; la verdad era que se estaba conduciendo de una manera muy poco honesta. Había que volver al buen camino, y admitió al viejo.
—Zoé —dijo a la doncella, encantada por abandonar la campiña—, haz las maletas mañana, así que te levantes; volvemos a París.
Y se acostó con Muffat, pero sin placer.