Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entonces la señora Lerat retuvo a Nana en el dormitorio, dejando a Louise en la cocina, con la mujer de la limpieza, para ver cómo asaba un pollo. Si se permitía reflexiones era porque Zoé acababa de salir de su casa.

Zoé había permanecido valientemente en la brecha, por devoción a la señora. Más tarde, la señora ya la pagaría; por eso no se inquietaba. Y en la desbandada del apartamento del bulevar Haussmann, hacía frente a los acreedores; actuaba en una digna retirada, salvando todo lo que podía y diciendo que la señora estaba de viaje, sin dar a nadie la dirección. Si hasta por miedo a que la viesen se privaba del placer de visitar a la señora. No obstante, aquella mañana corrió a casa de la señora Lerat para saber qué había de nuevo.

La víspera se habían presentado varios acreedores; el tapicero, el carbonero, la modista, ofreciendo tiempo, e incluso proponiendo adelantar una crecida cantidad a la señora si la señora quería volver a su apartamento y comportarse como una persona inteligente. La tía repetía las palabras de Zoé. Sin duda había algún señor por medio.

—¡Nunca! —replicó Nana indignada—. ¡Pues sí que son decentes esos proveedores! ¿Acaso piensan que voy a venderme para saldar sus facturas? Mira, prefiero morirme de hambre antes que engañar a Fontan.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker