Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se había sacado el roscón de Reyes. El haba le cayó a la señora Lerat, que la echó en el vaso de Bosc. Entonces gritaron: ¡El rey bebe, el rey bebe! Nana aprovechó el estallido de jovialidad para volver a coger a Fontan por el cuello, besarle y decirle cosas al oído. Pero Prullière, con su sonrisa contrariada de mozo guapo, gritó que aquello no entraba en el juego.

Louiset dormía sobre dos sillas. La reunión terminó hacia la una, y gritaron sus adioses a lo largo de la escalera.

Durante tres semanas la vida de los dos tórtolos fue realmente deliciosa. Nana creía volver a sus principios, cuando su primer vestido de seda le proporcionó tanto placer. Salía poco y se deleitaba en la soledad y en la sencillez. Una mañana muy temprano, cuando ella misma iba a comprar pescado en el mercado de La Rochefoucauld, se desconcertó al encontrarse cara a cara con Francis, su antiguo peluquero, quien vestía con su habitual corrección camisa fina y levita irreprochable, y a Nana la avergonzó que la viesen en la calle con una bata, desgreñada y arrastrando las chancletas. Pero él aún tuvo el tacto de extremar su cortesía. No se permitió ninguna pregunta y fingió creer que la señora estaba de viaje. ¡Ah! la señora había hecho a muchos desgraciados al decidirse a viajar. Era una pérdida para todo el mundo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker