Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Son bien groseros gritándole a una esas cosas en pleno día —añadió—. Cuando una va a sus asuntos, es para que se la respete, ¿no es así?

Nana compró los pichones, aunque dudaba de su frescura. Entonces Satin quiso enseñarle su puerta; vivía al lado, en la calle La Rochefoucauld. Y cuando se quedaron solas, Nana le contó su pasión por Fontan.

Al llegar a su casa, Satin se detuvo con los rábanos bajo el brazo, intrigada por un último detalle que Nana le daba, mintiendo a su vez, jurando que era ella quien había puesto al conde Muffat de patitas en la calle, a puntapiés en el trasero.

—¡Oh, soberbio! —repetía Satin—. ¡Soberbio! ¿A puntapiés? Y no dijo nada, ¿verdad? Es muy cobarde. Me habría gustado estar allí para ver su facha… Querida mía, tienes razón. Al diablo el dinero. Yo, cuando tengo un capricho, me lo doy hasta reventar. Ven a verme, prométemelo. Es la puerta de la izquierda. Llama tres veces, porque hay tal cantidad de inoportunos…



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker