Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Es extraño —murmuró al fin—. Estoy segura de haber visto esta cara en algún lugar. ¿Dónde? No lo sé. Pero no debió de ser en un sitio muy limpio… No, no. Seguro que no fue en un sitio muy limpio.

Y añadió, volviéndose hacia su amiga:

—Entonces, te ha hecho prometer que vendrías a verla. ¿Qué quiere de ti?

—¿Que qué quiere de mí? Sin duda hablar, estar un rato juntas… Pura cortesía.

Nana miró fijamente a Satin; luego hizo chascar la lengua. En fin, aquello le daba igual. Pero como la dama no llegaba, dijo que no esperaba más, y se fueron.

Al día siguiente Fontan advirtió a Nana que no iría a comer. Y Nana bajó temprano y fue a buscar a Satin para invitarla a comer en algún restaurante. La elección del lugar constituyó un arduo problema. Satin proponía comedores que Nana encontraba infectos, hasta que la convenció de que fuesen a comer a Casa Laure. Era un fonducho de la calle Martyrs, donde el cubierto costaba tres francos.

Aburridas de esperar, y no sabiendo qué hacer por las aceras, subieron a Casa Laure veinte minutos antes de la hora. Los tres comedores aún estaban vacíos. Se colocaron en una mesa del mismo salón donde Laure Piédefer reinaba, sentada sobre la alta banqueta del mostrador. Esta Laure era una mujer de cincuenta años, y de formas desbordantes, comprimidas con cinturones y corsés.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker