Nana
Nana Una campanilla sonó largamente y el vestíbulo quedó desierto. La gente se apresuraba por los pasillos. El telón ya estaba levantado cuando entraron los rezagados, provocando el mal humor de los espectadores que ya estaban sentados. Cada uno volvió a su sitio con el rostro animado y nuevamente atento. La primera mirada de Héctor fue para Gagá, pero se quedó asombrado al ver al lado de ella al rubio alto que momentos antes había estado en el palco de Lucy.
—¿Cómo se llama aquel señor? —preguntó.
Fauchery no lo veía.
—Ah, sí… Labordette —acabó por decir, en el mismo tono indiferente.