Nana
Nana —Eso se ve en seguida —le decÃa a Nana—; ni siquiera tiene el sentimiento de las menores conveniencias. Su madre debió de ser una ordinaria; no me digas que no, porque salta a la vista… Y no hablo por mÃ, aunque una persona de mi edad tiene derecho a toda clase de consideraciones… Pero tú, ¿cómo puedes soportar sus malos modales? Porque, sin adornarme, siempre te he enseñado a comportarte, y en tu casa recibiste los mejores consejos, ¿eh? Nuestra familia estaba muy bien educada.
Nana no protestaba; escuchaba sin decir nada, con la cabeza gacha.