Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Estaba resignada, diciéndose que, después de todo, si la inscribían en el registro ya no tendría que pasar aquel estúpido miedo. Fingió estar abrumada de sueño, bostezando, hablando y acabando por abrir a un gran mocetón de barba sucia, que le dijo:

—Enséñame tus manos… No tienes punzadas, pues no trabajas. Vamos, vístete.

—Pero yo no soy costurera; soy bruñidora —declaró Satin con descaro.

Sin embargo, se vistió dócilmente, sabiendo que no había discusión posible. Se oían gritos por todo el hotel: una muchacha se agarraba a las puertas, negándose a caminar; otra, que estaba acostada con su amante, y como éste respondía por ella, se hacía la mujer honrada ultrajada, hablando de formar un proceso al prefecto de policía. Durante cerca de una hora no hubo más que ruido de zapatos en los peldaños, de puertas aporreadas con los puños, de discusiones chillonas sofocándose en sollozos, de faldas que se deslizaban rozando las paredes; el despertar brusco y la marcha azorada de un rebaño de mujeres brutalmente recogidas por tres agentes, a las órdenes de un comisario bajito, rubio y muy fino. Después, el hotel quedó sumido en un gran silencio.

Nadie la había delatado. Nana estaba salvada. Regresó a tientas a la habitación, tiritando, muerta de miedo. Sus desnudos pies sangraban, desgarrados por la tela metálica.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker