Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Estuvo mucho tiempo sentada en el borde de la cama y escuchando. No obstante, hacia la mañana se durmió. Pero a las ocho, al despertarse, huyó del hotel y corrió a casa de su tía. Cuando la señora Lerat, que precisamente tomaba su café con leche con Zoé, la vio a aquellas horas, hecha un pingajo y desencajada, lo comprendió todo inmediatamente.

—¡Ya está hecho! —exclamó—. Te lo he dicho cien veces: te despellejará. Vamos, entra, que siempre serás bien recibida en mi casa.

Zoé se había levantado, murmurando con una familiaridad respetuosa:

—Por fin la señora ha vuelto… Ya esperaba a la señora.

Pero la señora Lerat quiso que Nana besase en seguida a Louiset, porque, decía ella, la felicidad de aquel niño estribaba en la buena sabiduría de su madre.

Louiset aún dormía, enfermizo, con la sangre empobrecida. Y cuando Nana se inclinó sobre su cara blanca y escrofulosa, todos sus sinsabores de los últimos meses se le agarraron a la garganta y la estrangularon.

—¡Oh! mi pobre pequeño, hijito mío —tartamudeó en una última crisis de sollozos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker