Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y levantando la mirada, vio los pequeños edificios y las relucientes vidrieras de la galería del pasaje, y más allá, frente a ella, las altas casas de la calle Vivienne, cuyas fachadas de la parte de atrás se elevaban mudas y como vacías. Las azoteas se extendían en graderío, un fotógrafo había puesto en un tejado una gran caja de cristal azul. Aquello era muy alegre, y Nana se olvidaba de todo cuando le pareció que habían llamado. Se volvió y gritó:

—Entre.

Al ver al conde, cerró la ventana. No hacía calor y la curiosa de la señora Bron no tenía por qué oírles. Los dos se miraron seriamente. Luego, como él permanecía muy tieso y con gesto asustadizo, ella se echó a reír y dijo:

—Muy bien; ya estás aquí, gran bestia.

La emoción de él era tan fuerte que parecía helado. La llamó señora; se sentía dichoso por volver a verla. Entonces, para precipitar las cosas, ella se mostró más familiar aún.

—No me vengas con dignidades. Ya que has deseado verme, no es para miramos como dos perros de porcelana… Los dos hemos cometido errores. Pero yo te perdono.

Y él se quedó convencido de que no se hablaría más de aquello. Asentía con la cabeza, y se tranquilizaba, pero aún no encontraba nada que decir a pesar de la oleada de palabras que le subía a los labios.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker