Nana
Nana Héctor de la Faloise presentó a su primo al conde Muffat de Beauville, que se mostró muy frÃo. Pero al oÃr el nombre de Fauchery, la condesa levantó la cabeza y felicitó al cronista por sus artÃculos en Le FÃgaro con una frase discreta. Acodada en el terciopelo de la barandilla, medio se volvió con un gentil movimiento de hombros. Se conversó un instante, hablando sobre la Exposición Universal.
—Será algo hermoso —dijo el conde, cuyo rostro cuadrado y regular mantenÃa una gravedad oficial—. Hoy he visitado el Campo de Marte… y he regresado maravillado.
—Se asegura que no estará listo —aventuró Héctor—. Hay allà un atolladero.
Pero el conde le interrumpió con su voz severa:
—Lo estará. El emperador lo desea.