Nana
Nana —Ya que estamos de acuerdo, vamos a concluir con este asunto… Precisamente ahí está Mignon.
Desde hacía un momento Mignon rondaba por el pasillo. A las primeras palabras de Bordenave, hablando de modificar su contrato, estalló; aquello era una infamia, quería destrozar el porvenir de Rose, se querellaría.
Mientras, Bordenave daba sus razones; el papel no le parecía digno de Rose, prefería reservarla para una opereta que montaría después de la Duquesita.
Pero como el marido continuaba gritando, le ofreció bruscamente rescindir el contrato, hablando de las ofertas hechas a la cantante por el Folies Dramatiques. Entonces Mignon se quedó desarmado, sin negar aquellas ofertas y demostrando un gran desdén por el dinero; se había contratado a su esposa para interpretar la duquesa Hélène, y la interpretaría, aunque él, Mignon, tuviese que perder su fortuna; era un asunto de dignidad, de honor.