Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No obstante, cogía algunas frases pronunciadas por Philippe, expresiones duras en las que sonaban las palabras niño, familia y honor. Su corazón latía, aturdiéndole con un zumbido confuso en su ansiedad por saber lo que su amada respondía. Seguramente que soltaría un «puerco» o un «váyase a paseo: estoy en mi casa». Sin embargo, no se oía nada; Nana estaba como muerta allí dentro. Y en seguida hasta la voz de su hermano se dulcificó. No entendía nada, y sólo oía un extraño murmullo que le dejó estupefacto. Era Nana que sollozaba.

Durante unos segundos le acosaron sentimientos contradictorios, huir, caer sobre Philippe. Pero precisamente en aquel instante entró Zoé en la habitación y él se apartó de la puerta, avergonzado al verse sorprendido.

Zoé ordenó tranquilamente la ropa blanca en un armario, mientras él, mudo e inmóvil, apoyaba la frente en un cristal, devorado por la incertidumbre. Después de un breve silencio, ella preguntó:

—¿Es su hermano quien está con la señora?

—Sí —respondió el muchacho con voz estrangulada.

Siguió un nuevo silencio.

—Y eso le inquieta, ¿verdad, señor Georges?

—Sí —repitió él con la misma dificultad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker