Nana
Nana El pasillo se había despejado un poco. Fauchery iba a descender cuando Lucy Stewart lo llamó. Se encontraba en el fondo, ante la puerta de su proscenio. Se cocían allá dentro, decía, y ocupaba lo ancho del pasillo en compañía de Caroline Héquet y de su madre, mordisqueando unos bombones.
Una acomodadora hablaba maternalmente con ellas. Lucy miró al periodista: ¡era muy gentil subiendo a ver a otras mujeres y no ir a preguntar a las amigas si tenían sed! En seguida cambió de tema.
—¿Sabes, querido, que encuentro muy bien a Nana?
Quería que se quedase en el proscenio durante el último acto, pero él se escapó, prometiendo recogerlas a la salida.
Abajo, delante del teatro, Fauchery y Héctor encendieron unos cigarrillos. El gentío obstruía la acera, una cola de hombres había descendido la escalinata y respiraba el frescor de la noche en medio del suave airecillo del bulevar.