Nana
Nana —SÃ, eso es: antes y después. Cuando me duermo, le oigo de nuevo que masculla… Pero lo molesto es que no podemos discutir sin que saque a colación los curas. Yo siempre he sido religiosa, y por más que os burléis, eso no me impedirá creer en lo que creo… Sólo que él es muy latoso, gime y no habla más que de remordimientos. Aun anteayer, después de nuestra agarrada, tuvo una verdadera crisis, y no me quedé tranquila del todo…
Se interrumpió para decir:
—Ahà llegan los Mignon. ¡Toma! si se han traÃdo a los niños. Esos pequeños son unos mal educados.
Los Mignon estaban en un landó de colores severos, un lujo sólido de burgueses enriquecidos. Rose, con traje de seda gris, adornado de volantes y de lazos rojos, sonreÃa dichosa con la alegrÃa de Henri y de Charles, sentados en la banqueta delantera, envueltos en sus túnicas demasiado anchas de colegiales. Pero cuando el landó se colocó junto a la barrera, y ella descubrió a Nana triunfante en medio de sus ramilletes, con sus cuatro caballos y su librea, se mordió los labios, y muy rÃgida volvió la cabeza.
Mignon, por el contrario, vivo el ademán y con risueña mirada la saludó con la mano. Por principio, no intervenÃa nunca en las rencillas de mujeres.